
Orio descendió en aguas de Castro. Foto: Roberto Ruiz
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Orio batió ayer a Camargo y fue séptimo en Castro pero no pudo evitar el descenso
Gaizka Lasa | 29/08/2011
A la siniestra trayectoria liguera de Orio, recrudecida con tintes dramáticos durante el mes de agosto, sólo le faltaba un punto de intriga en el desenlace final para ahondar en el sufrimiento de la familia peor acostumbrada del mundillo arraunlari.
Al brutal desgaste físico y mental de la regata amarilla, siempre a remolque de Camargo hasta la meritoria y memorable txanpa final, sólo le faltaba quedarse sin premio. O, peor aún, dejar abierta una mínima herida de ilusión, de 62 centésimas, para ir muriendo de esperanza a medida que los rivales, unos por arriba y otros por abajo, no acertaban en el reducido blanco que pudiera salvar a Orio del descenso.
Tuvo que ser ayer, con el último puesto casi digerido, cuando la tripulación amarilla ganara su tanda –antes sólo lo había hecho en Pedreña–, consiguiera un puesto sólo superado gracias a las corrientes de Portugalete –fue sexto en la Bandera Ambilamp– y luciera una versión cuanto menos competitiva, por momentos estilosa y nunca entregada. Demasiado tarde. Demasiado cruel.
El último arreglo del cuerpo técnico colocó a dos veteranos marcando la remada. Iñigo Arruti Txabola (estribor) y Axier Kolina (babor) imprimieron criterio a la embarcación, con ritmos pausados pero paladas bien acabadas. Camargo se escapó dos segundos tras una salida enérgica, alentada por un estado moral exorbitante, pero de ahí en adelante, un serio Orio frenó su euforia.
A la primera ciaboga llegaron igualadas las dos traineras cántabras de la tanda de las angustias. Dos segundos cedía Orio y cuatro Zumaia. Camargo salió mejor del giro, por la calle dos, y alcanzó la proa de regata, movimiento que fue respondido también con una buena serie post-maniobra de los aguiluchos. Acción-reacción.
A partir del primer minuto con las olas de popa llegó el mayor momento de inspiración de la Virgen del Carmen y el mayor socavón para los oriotarras. Cinco segundos llegó a meter Camargo a Orio, en reñida pugna con Castro, en pleno largo de vuelta.
Pulso agónico con Camargo
Pero los patroneados por Aitor Carrillo tenían el lema claro: morir matando. En el último minuto y medio de aproximación a las balizas interiores, elevaron un par de paladas su ritmo, a 38 por minuto, sin dejar de bogar conjuntados ni cortar la remada como lo hicieran de víspera en casa. Se animaron. Hicieron lo que saben como si de una sesión cotidiana se tratara. La embarcación aceleró y el cronómetro estableció un empate en la segunda ciaboga. Vuelta a empezar. Enésima oportunidad.
De nuevo con el viento y las olas en contra, asentaron su remada, a pesar de volver a salir un par de segundos por detrás de Camargo. A uno-dos segundos, apurando la agonía, se mantuvo el bote amarillo durante buena parte del tercer largo. Fallaban los cómplices. Zumaia y Castro cedían más de dos embarcaciones y marcaban una tendencia descendente.
A pesar de que las cuentas no salían, la afición amarilla asistió con una sensación de entre alivio e impotencia a la perseverancia de los suyos, que conseguían ponerse a la par de Camargo, incluso varias centésimas por delante, por primera vez en tres semanas.
En la última maniobra de la Liga, los dos fugitivos del descenso giraron en el mismo segundo. Su necesidad de huir distanció a Zumaia a diez segundos y a Castro a trece, dejando el resultado final del culebrón a merced de la habilidad de Orio y de posibles carambolas en las dos siguientes tandas.
Despojados de la presión, aislados del endiablado contexto, olvidando los puntos, los amarillos retomaron su lema. Después de volver a sufrir otro golpe de dos segundos en los metros posteriores a la ciaboga, acertaron a encadenar paladas de calidad empujados por el mar y de nuevo rehacerse. Empataron la contienda y así, con el GPS a cero, se acercaron a la ensenada de Brazomar, una banda multicolor donde el amarillo todavía lucía su orgullo con más fuerza.
Como ocurriera en el segundo largo, también en el último Orio se desenvolvió mejor en la parte final de la vuelta. Llegó a abrir un espacio de esperanza de dos segundos sobre Camargo por el que invitaba a colarse a cualquier trainera. Llegó a soñar con despertar de la pesadilla. ¡A 44 paladas! Con la mente en blanco. Luchando por fin por una tanda. Consumiendo hasta el último resquicio de opción para no perder la privilegiada situación del club en la élite del remo.
Txanpa final de infarto
La loable txanpa final encontró sin embargo respuesta en una tripulación a la que los mismos oriotarras han venido dando alas. Imparables ya en su vuelo. La Virgen del Carmen, en su estado de forma más pletórico de la temporada, vislumbró en la baliza de meta un futuro en la flor y nata del mundillo y apretó al máximo su alegre remada.
Si no revistiera tintes dramáticos, hablaríamos de un espectáculo admirable. El sprint final dejó a Orio 62 centésimas por delante de Camargo, sumido en un profundo agujero, con una cuerda de auxilio lanzada para quien quisiera recogerla. Con la superficie tan cerca pero tan lejos. Un solo bote que entrara entre los dos le salvaría. Demasiado cruel.
La imagen de los segundos posteriores al término de la encomiable serie final reflejó autenticidad. Remeros extenuados, absorbidos por el esfuerzo máximo, abatidos y descompuestos rompían filas. Puro reflejo del último sacrificio personal por evitar una mancha al club. Las cámaras captaron el destrozo físico. Sólo los más cercanos podrán presenciar el psicológico.
A quince segundos hacía su entrada en meta un Zumaia a quien le han sobrado diez puntos para evitar el play off. Para la Telmo Deun la Liga San Miguel ya ha finalizado. Objetivo cumplido. También a Castro, a 22 segundos ayer, se le acabó la ACT. En este caso, el balance deja más sombras que luces.
Pendiente de los tribunales
La crueldad amarilla no se agotó ayer en Castro Urdiales. Aunque los méritos deportivos han colocado a Orio en la Liga ARC-1 –con la colateral consecuencia de que la segunda embarcación tendrá también que descender–, el club aún cuenta con una escapatoria para no perder la categoría: el proceso judicial abierto a Urdaibai.
Después de que el Juez Único de la ACT, Miguel Juane, decidiera desestimar la petición por parte de la asociación de la suspensión cautelar a Urdaibai, a Orio sólo le queda esperar a que el proceso penal abierto contra varias personas vinculadas al club txo (ningún remero entre ellos) finalice su fase de diligencias previas (no antes del 30 de septiembre) y el expediente disciplinario abierto a los bermeanos vuelva a reabrirse. En caso de que el Juez Único, o su instancia superior, el Árbitro, vieran en el desarrollo del proceso penal argumentos como para acabar suspendiendo a Urdaibai, el resultado obtenido por Orio en el play off cobraría sentido y, si finalizara entre los dos primeros, se quedaría en la ACT.
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